Educar el paladar de los niños

Adriana Oroz

Dietista nutricionista nºcolegiada CAT001394

@adristylelife

La educación alimentaria es el primer y principal aprendizaje que se produce en el núcleo familiar. Es importante que desde el primer momento exista una educación alimentaria en los niños promocionando una alimentación saludable y equilibrada, para asegurar su correcto desarrollo y crecimiento como base para su salud futura.

Nuestro reto es conseguir que los niños acepten y se interesen por las comidas presentadas en el ámbito familiar y que, por ello, desarrolle un buen paladar.

No podemos exigir que nuestros hijos coman bien, si no les ofrecemos alimentos saludables en casa, si les ofrecemos siempre lo mismo y no les damos la oportunidad de probar algo nuevo.

Con la introducción de la alimentación complementaria, el bebé comienza a estar en contacto directamente con los alimentos y sus sabores, incluso a ser responsable realizando sus propias elecciones o preferencias alimentarias. Es importante mantener el interés del pequeño ante nuevos alimentos, ya que a los 6 meses, ¡todos los alimentos son nuevos! Por lo que, debemos utilizar este hecho en nuestro beneficio, exponiendo al niño al máximo de comidas o alimentos saludables posible.

Por ello, te quiero dar unos consejos e ideas para que sepas cómo hacer que tus niños acepten comer de manera saludable.

Entorno saludable: Hay que organizarse en casa. Tener un amplio fondo de armario con una gran oferta de alimentos saludables. Con alimentos saludables al alcance será siempre más fácil que a tus hijos les apetezcan más o tengan una ingesta mayor de los mismos. Si no quieres que se acostumbren a comer un determinado alimento, no lo tengas en casa, y mucho menos a la vista.

Entorno agradable: Es importante generar un entorno agradable y positivo con los alimentos saludables que les vas a ofrecer. Hacerles entender por qué es importante comer bien, pero sin obligaciones e imposiciones. La exposición repetida y variada a alimentos nuevos o no deseados que ocurren en un ambiente positivo y de apoyo promueve la aceptación y, finalmente, una preferencia por esos alimentos. En cambio, cuando existe una presión u obligación por comer ciertos alimentos influye en que haya una menor preferencia por esos alimentos más adelante.

Dar ejemplo: No sirve de nada que quieras que tus hijos coman determinados alimentos si no te ven a ti comiéndolo. Predicar con el ejemplo siempre es la mejor opción, ya que la mayoría del aprendizaje se realiza a través de la imitación y observación. Para ello, comed con ellos. Al menos alguno de los padres y al menos una comida al día. Busca la oportunidad de hacer una comida en familia, si no es el desayuno, la comida o la cena.

No castigar ni premiar con ello: No hay que darle a la comida un valor que no tiene. La comida es un alimento, no un trofeo ni una represalia y por ello es muy importante no castigar, sobornar ni premiar. Porque si utilizas la comida como moneda de cambio, tus hijos acabarán creando ese tipo de relaciones con más facilidad que luego será más difícil, en la edad adulta, de romper o cambiar.

Exposición continua: Si un alimento a priori no le gusta, no pasa nada. No le deis demasiada importancia. Pero por ello, no dejéis de ofrecérselo o de comerlo en casa. Hay una gran variedad de opciones saludables, por lo que será normal, al igual que le pasa a un adulto, que algo no les guste o no lo quieran. Puede que, al tiempo, con una continua exposición a ese alimento les genere interés y quiera volver a consumirlo. A veces tienen que probar un alimento varias veces hasta que les guste.

Primero tenéis que detectar si lo que no gusta es el sabor o la textura. Y a partir de ahí, cambiar la técnica en la cocina, cortarlo de otra forma, aliñarlo o combinarlo con otros ingredientes para que tengan una textura o sabor diferente que haga que tal vez, en otro momento, lo acepten. No hay que perder la paciencia. No hay que desaprovechar ninguna oportunidad. Cuando un alimento es saludable, da igual en qué momento del día se consuma siempre y cuando apetezca y se consuma. No es tan importante la cantidad de verdura, sino que coman verdura. Si toman solo una rodaja de pepino, genial si antes no tomaba ninguna. Para los niños es muy frustrante ver que no se pueden acabar todo lo del plato.

Fomenta opciones variadas y apetecibles: Existe una inmensa variedad de frutas, verduras y hortalizas, así como maneras de prepararlas. Si les ofrecéis opciones variadas y apetecibles que les entren por los ojos, las aceptarán mejor. Intentad que estén bien presentadas, colocadas y el plato limpio. Incluso con cierta personalización. A veces no vale una fuente de ensalada al centro para todos. Mejor ponerlo en el plato del niño, con aquellos alimentos que le gustan