Los 1000 primeros días marcarán el resto de su vida

Conchi Garcia

Dietista nutricionista nºcolegiada 0201

@mama_y_nutricionista

Las enfermedades no transmisibles (ENT) como diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedad respiratoria crónica, son causa de muerte de más de 40 millones de personas por año, lo que equivale al 71% de todas las muertes que se producen en el mundo. 

La teoría de los "1000 días” también conocida como “Programación metabólica”, “Programación fetal” o “Hipótesis del Origen fetal de la Salud en el Adulto”, desarrollada en el año 1989 por el profesor David Barker y su equipo de la Universidad de Southampton, explica cómo las ENT son fenómenos vinculados a lo que ocurre en el lapso de tiempo desde el embarazo hasta el segundo año de vida. Estos estudios indican que es posible modificar parte de la genética de los bebés, al mejorar la alimentación y los estilos de vida, incluso antes de que la mujer sepa que está embarazada. 

El periodo comprendido entre la concepción y los dos años de vida

 “Los primeros 1000 días” está considerado como el periodo más crítico en la vida de una persona. 

Es crítico porque es el periodo donde la velocidad de crecimiento es la más elevada de toda la vida, las necesidades nutricionales son muy altas, se forman todos los aparatos y sistemas y se desarrollan sus capacidades funcionales. Las consecuencias de una malnutrición en este periodo podrían ser difíciles de reparar

Así que la alimentación y los hábitos de la madre durante la gestación, el tiempo de la lactancia, así como los primeros bocados que recibe el bebé, son determinantes para evitar que, al alcanzar la edad adulta, ese niño sufra este tipo de enfermedades no transmisibles. Y se recomienda, además, que las mujeres que estén pensando en tener un hijo, lleven un control incluso previo al prenatal para procurar “ambientes uterinos saludables”, evaluando enfermedades, factores de riesgos e iniciando una suplementación con 400 microgramos de ácido fólico desde tres meses antes de la concepción. 

¿Y CÓMO DEBEN SER ESOS PRIMEROS BOCADOS? 

La superioridad de la leche materna sobre cualquier otro alimento hace que deba ser el alimento aconsejado desde el nacimiento hasta los seis primeros meses de vida de manera exclusiva y a partir de ahí combinada con otros alimentos como mínimo hasta los dos años. La leche humana aporta todos los nutrientes necesarios, incluyendo grasa, carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales, agua y va modificando su composición para adaptarse al crecimiento y las demandas del niño. 

Alrededor de los 6 meses se inicia la alimentación complementaria con la incorporación gradual y paulatina de alimentos que complementan a la lactancia. La alimentación complementaria tiene un papel formativo además de cubrir las necesidades energéticas-nutricionales, así lo reconocen la OMS y las principales agencias de salud pública. Por ello, la diversificación alimentaria debe ser una oportunidad para: 

  • Ampliar la gama de sabores 
  • Descubrir nuevos alimentos saludables 
  • Aprender a alimentarse de manera autónoma 
  • Desarrollar los gustos y preferencias alimentarias 
  • Adquirir una maduración de la función motora, función renal y gastrointestinal 
  • Integrarse en la dieta familiar. 

Estos primeros alimentos deben ser saludables y nutritivos respetando su forma natural para que el lactante aprenda a distinguir los sabores. Los sabores aprendidos durante esta etapa perdurarán para el resto de la vida. Además se deben evitar los alimentos que por inmadurez del lactante o por posible toxicidad puedan suponer un riesgo, o los que puedan suponer una alteración del paladar virgen en este periodo como azúcar, sal, miel, alimentos superfluos (galletas, embutidos, pastelería , …), pescados altos en metilmercurio, cabezas de gambas o langostinos altos en cadmio, algas, carnes o pescados o huevos poco cocinados, leche, bebidas o tortitas de arroz altas en arsénico y carne de animales cazados con munición de plomo. 

A partir del año se empieza a fomentar lo que se conoce como “la dieta familiar”, que deberá ser saludable, evitando alimentos altamente procesados ricos en sal y azúcares y respetando las señales fisiológicas de hambre-saciedad del infante, aunque a veces la cantidad de alimentos que ingiera no se ajuste a nuestras expectativas. Por tanto, es importante prestar un especial interés a la alimentación y el estilo de vida en estos “1000 primeros días” tan importantes de la vida. Mil días que deciden la salud futura de cada bebé.