El Dr. Cristóbal Coronel Rodríguez es un reputado experto que ejerce como pediatra de Atención Primaria en el Centro de Salud de Amante Laffón de Sevilla y que es Profesor Asociado de Pediatría en la Universidad de Sevilla; además, actualmente preside la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). En esta entrevista para ‘Alimentando el Cambio’ nos habla sobre el papel del pediatra en la educación inmunológica de las familias desde la Atención Primaria, aporta consejos generales sobre hábitos de higiene y prevención desde la consulta pediátrica e incide en la utilidad que pueden tener los probióticos en el fortalecimiento de la inmunidad infantil.
– ¿Cómo valora el papel del pediatra de Atención Primaria en la educación inmunológica de las familias, incluso en aquellas con niños sanos?
La consulta pediátrica en Atención Primaria es una referencia para las familias que acuden regularmente con sus hijos, ya sea porque presenten un problema de salud puntual o por la necesidad de seguir unos reconocimientos periódicos. Por ello, el pediatra de Atención Primaria es fundamental en la salud del niño, ya que se trata de un profesional muy accesible al que se recurre de forma frecuente.
La educación inmunológica debería formar parte fundamental de toda la labor de formación y educación para la salud que realizamos en nuestras consultas habitualmente, aprovechando cualquier consulta y oportunidad.
– Entonces, ¿considera que, en la práctica clínica real, sí está integrada la educación inmunológica dentro de la consulta pediátrica habitual?
Así es, se trata de algo habitual, que se encuentra implementado. Es una labor que se ejerce de forma automática y espontánea ante los distintos pacientes, independientemente del motivo de la consulta.
– Desde su experiencia, ¿con qué errores o mitos sobre la inmunidad infantil se encuentra de forma más frecuente?
Ahora mismo existe mucha desinformación. Antes lo que no había era información, pero en la actualidad, con las redes sociales e Internet, lo que comprobamos día a día es que muchas familias están completamente ‘perdidas’. Hay un exceso de información, que no siempre es rigurosa ni acertada y, en este contexto, muchos padres y madres optan por replicar los “trucos” que han visto en redes sociales.
Cuando las familias acuden a nuestra consulta con alguna idea o práctica que no tiene evidencia, tratamos de informarles para que no sigan ese mal consejo y les aportamos recomendaciones válidas.
– ¿Qué medidas de prevención básicas considera prioritarias para reforzar el sistema inmunitario en la infancia?
Es fundamental insistir en que se cumplimente el calendario de vacunación vigente en cada comunidad, de modo que los niños estén bien inmunizados.
Por otro lado, las medidas higiénicas básicas son fundamentales, insistiendo, por ejemplo, en la higiene de manos, tanto antes de comer como después de venir de jugar en la calle o de ir al cuarto de baño. Esto es útil no porque suponga una esterilización, sino porque es una medida higiénica en la que nuestro sistema inmune sigue en contacto con gérmenes no tan agresivos, de forma que se estimula la protección inmunológica.
Los niños, sobre todo los más pequeños -los de preescolar o infantil-, tienen las manos sucias con frecuencia o no saben, por ejemplo, taparse la boca al toser; llevarse las manos directamente a la boca es un mecanismo de transmisión de infecciones extraordinario. Por eso debemos insistir en lavarse las manos después de estar en la calle o realizar cualquier actividad, y siempre antes de comer.
Otras medidas básicas a seguir son una buena alimentación e hidratación, además de adoptar una adecuada pauta de actividad física; no debemos olvidar que realizar ejercicio de forma regular al aire libre refuerza el sistema inmunitario. Y no menos importante es una óptima higiene de sueño: las horas de sueño, dependiendo de la edad del niño, deben garantizar un descanso real.
También es muy importante la higiene dental, con un buen cepillado después de comer; sin duda, eso también favorece un sistema inmunológico adecuado.
Y es que muchas veces tendemos a irnos a lo más complicado y, sin embargo, lo que debemos hacer es alimentarnos, hidratarnos y descansar bien, así como mantener una actividad física adecuada a la edad del niño y, si es posible, que esta se realice al aire libre.
– ¿Y qué recomendaciones dietéticas específicas haría para fortalecer las defensas y evitar infecciones?
Es fundamental una hidratación y alimentación adecuadas, que incluyan todo tipo de componentes. Como decía Grande Covián “hay que comer un poco de todo y mucho de nada”. Debe ser una alimentación variada y rica en vitamina C, vitaminas del grupo B y vitamina D, que influye mucho en el sistema inmunitario.
Adicionalmente, si contamos con un producto que pueda contener probióticos que ayuden al sistema inmunitario, conseguiremos que el niño esté en mejores condiciones.
– ¿Cómo impactan los frecuentes resfriados en la infancia sobre salud inmunológica del niño? ¿y qué repercusiones tiene en la conciliación laboral y familiar?
Estas enfermedades en los niños tienen un gran coste, no solo económico, sino también en salud. La persona encargada de cuidarlos está expuesta a una enfermedad contagiosa durante 3 a 5 días cada corto periodo de tiempo.
Por otro lado, es recomendable que el niño no vuelva a la guardería o al colegio demasiado pronto, ya que necesita un cuidado más personalizado y, además, de esta manera se evita la transmisión a otros niños. Se trata de enfermedades muy prevalentes, que pueden afectar a un mismo niño en varias ocasiones en un mismo año. Sin duda, esto repercute enormemente en los días de absentismo laboral de sus padres.
– ¿La evidencia científica respalda el uso de probióticos en la prevención o modulación de infecciones en niños sanos?
Es importante saber que, cuando hablamos de probióticos, no debemos hacerlo de forma genérica: no todos los probióticos tienen la misma evidencia ni cuentan con el aval científico. No podemos generalizar. No vale decir “tómate un probiótico todas las mañanas”.
El empleo de probióticos como un recurso preventivo en niños debe entenderse como una práctica a largo plazo. El consumo de probióticos se tiene que realizar de forma continuada y pautada, y hay bastante evidencia al respecto. Existen numerosos estudios tanto en infecciones gastrointestinales como en la prevención de dermatitis atópica o en el ámbito de las enfermedades de las vías respiratorias superiores.
– ¿Qué probióticos considera que pueden ser más adecuados o cuentan con más evidencia que respalde sus beneficios?
Las bacterias del género Lactobacillus casei, cuentan con una gran cantidad de evidencia que respalda sus beneficios en la salud inmunológica.
Recientemente, un grupo de profesionales, tanto inmunólogos como pediatras, hemos estado revisando la evidencia existente y podemos concluir que existe una sólida base científica que respalda el consumo regular de este tipo de probióticos, ya que favorece un mejor sistema inmunitario y contribuye a prevenir infecciones, tanto de vías respiratorias superiores como gastrointestinales, acortando estos procesos tanto en tiempo como en intensidad y gravedad de los síntomas.
– ¿Hay algún perfil pediátrico en el que los probióticos sean especialmente recomendables?
En mi caso, hablo de niños sanos en general. No me refiero a niños con inmunodeficiencias, sino a niños potencialmente sanos que presentan una mayor facilidad para enfermar, sea por el motivo que sea: porque su guardería no cuenta con renovación de aire suficiente, porque las familias no ventilan los hogares, porque tengan hermanos de distintas edades, etc.
– ¿Considera que consumo diario de un lácteo fermentado puede contribuir de forma significativa al equilibrio inmunológico del niño?
Creo que sí. Hoy en día podemos afirmar que el consumo de forma regular, diario a ser posible, de este tipo de productos fermentados con determinadas cepas probióticas favorece un mejor sistema inmunitario. Esto se traduce en que los niños enferman menos.
– ¿Cree que la formación en inmunonutrición y microbiota debería reforzarse en el ámbito de la Pediatría de Atención Primaria?
No creo que exista una formación suficiente. Se trata de intentar prevenir enfermedades de muy diverso tipo, tanto alérgicas como infecciones respiratorias o digestivas. Es importante impulsar la formación en este campo, pero en este momento hay poco disponible al respecto.
En este sentido, es destacable una iniciativa como la “Inmunopedia Familiar”, una guía sobre inmunidad infantil, elaborada por expertos en pediatría, nutrición, inmunología y probióticos, con una versión para profesionales sanitarios y otra versión adaptada para familias.
– ¿Qué líneas de investigación considera más prometedoras en el campo de la inmunidad infantil y la microbiota?
Lo más relevante son los estudios prospectivos de Atención Primaria. Acuden muchos niños con enfermedades banales que son hiperconsumidores de servicios sanitarios. Los problemas gastroenterológicos son unos de los principales motivos de consulta; teniendo esto en cuenta, por ejemplo, quizás se debería hacer un estudio prospectivo acerca de la reducción de la frecuencia de visitas de estos pacientes tras la toma de probióticos.En este caso, cabe resaltar que los resultados relevantes no son los que se pueden apreciar en un análisis de sangre (como inmunoglobulinas, etc.), sino de los resultados en salud. Actualmente existen muy pocos estudios así planteados, ya que sin patrocinio son difíciles de llevar a cabo.
– De cara al futuro, ¿qué expectativas tiene respecto al reconocimiento del refuerzo inmunológico infantil como una prioridad dentro de las políticas de promoción de la salud?
Debería ser una prioridad; sin embargo, en la práctica no parece ser así, y no se tiene muy en cuenta dentro del programa salud infantil. A veces se recalcan algunas recomendaciones básicas sobre medidas higiénicas y se insiste en los recordatorios de vacunación. Esto sí queda totalmente destacado y reforzado en todos los programas y cada una de sus visitas.
Sin embargo, hay otros puntos en los que también podemos actuar directamente, como son las horas de sueño o reducir el tiempo de uso de pantallas. Estamos insistiendo mucho a las familias para que reduzcan esta práctica tan extendida, así como para que los niños duerman el tiempo suficiente y realicen actividad física regular. A pesar de ello, aún no se están consiguiendo grandes resultados.
– Como presidente de SEPEAP, ¿cuáles destacaría como principales líneas de actuación y áreas de trabajo prioritarias?
Ahora mismo estamos trabajando, en colaboración con otras sociedades científicas, para promover este tipo de comportamientos y actitudes que mejoren la salud inmunitaria de los niños. No se puede trabajar de forma aislada. Nosotros tenemos una visión clínica, pero necesitamos disponer también del punto de vista de inmunólogo, y de expertos en gastroenterología y nutrición, todo ello para poder ofrecer pautas regulares concretas que permitan optimizar la prevención de enfermedades.